El Arco y las Flechas en la Edad Media

13 enero 2013

INTRODUCCIÓN

El uso del arco como arma, tanto para la caza como para la guerra, data desde el Paleolítico. Pruebas de ello son las representaciones pictóricas que se pueden ver en cuevas habitadas por el hombre prehistórico y los hallazgos de puntas de flecha de diferentes materiales (hueso, sílex,…).
En los ejércitos de los diferentes pueblos de la Antigüedad, siempre hubo un cuerpo de hombres especializados en el uso del arco (en algunos casos, superespecializados, por ejemplo, los carros de combate con arqueros) y, de ello tenemos pruebas en el arte antiguo (egipcios, asirios, medos, persas, griegos, romanos,…).
Durante la Edad Media, este cuerpo militar adquirió mucha importancia en las campañas militares. En algunos casos, su participación fue decisiva (por ejemplo, en 1415, los arqueros ingleses con su arco largo (longbow) masacraron a las tropas francesas (sobre todo, su caballería). La cadencia de tiro de un arquero inglés era de 10-12 flechas por minuto. Teniendo en cuenta que en dicha batalla participaron unos 3700 arqueros, se puede uno imaginar la literal lluvia de flechas que sufrió el ejército francés, que contribuyó a la victoria.
La aparición de la ballesta (más precisa y potente aunque más difícil de recargar) y, sobre todo, de las armas de fuego supuso el declive del arco y la flecha dentro del ejército.
En la actualidad, el arco se reserva para la caza deportiva y como disciplina deportiva (siendo disciplina olímpica).

 

TIPOS DE ARCO:

Arco largo o longbow.
Su origen era galés y solía hacer con madera de tejo.
Tiene un cuerpo largo y más o menos recto (inicialmente, era recto y la curvatura la adquiría gracias a la tensión de la cuerda. Su longitud era de unos 1’8-2 mts.
Su alcance máximo era de unos 350 mts, con un alcance efectivo de unos 180 mts y un alcance de letalidad segura de 50 mts.

Arco plano o flatbow.
Es un arco no reforzado. Sus palas son planas. Medía unos 1’60 mts.
Se realizaba en madera de fresno, nogal o roble (materiales más económicos que el tejo).

 

Arco compuesto.
Su origen data del segundo milenio a.C. evolucionando hasta el s.XVII en pueblos asiáticos y del medio Oriente. Tiene más potencia que los arcos monolíticos y son más ligeros, pero eran más costosos de hacer y frágiles.
El arco compuesto tiene un alma de madera revestida con asta y tendones. Las tres partes están encoladas con pegamentos de origen animal y se unen con tiras de cuero o bandas de corteza mojada que se contraen y refuerzan la unión. Es la unión de todas estructuras (por su forma y materiales) lo que aumenta la potencia de este arma.
Su alcance se estima en unos 300 mts, aunque hay referencias de alcances mayores (un sobrino de Genghis Khan disparó a un blanco a unos 536 mts; los arqueros coreanos podían disparar a blancos a unos 600 mts;…).

 

Arco recurvo.
Poseía muy poca elasticidad. Era similar al longbow pero más pequeño.
Este arco tiene su origen del arco asiático y era empleado por la caballería de los mongoles debido a su reducido tamaño y gran versatilidad.

 

PUNTAS DE FLECHAS:
Inicialmente, las puntas de flecha eran de diferentes materiales pero básicamente iguales: con forma triangular. Algunos pueblos de la Antigüedad, al empezar a usar el metal para elaborar las puntas de flecha, modificaron el diseño triangular hacia uno basado en hojas de árboles (por ejemplo, hojas de laurel o de olivo).
Es, a partir de la Edad Media, cuando se inicia el desarrollo de diferentes tipos de puntas de flecha más o menos adaptados a las nuevas (o no tan nuevas) necesidades bélicas.
Así, se desarrollaron diferentes tipos de flechas.

 

Punta bodkins.
Su uso data de la época romana, donde los modelos tenían perfiles cónicos y cuadrados). Tenían una forma delgada y larga, con perfiles cónicos, cuadrados, triangulares, estriados,…
Su diseño era atravesar las cotas de malla y perforar las armaduras y escudos. No se usaban en la caza.
Se usaban a grandes distancias (unos 250 mts), mediante tiro parabólico y en grandes cantidades (la clásica “lluvia de flechas”).
Solían clavarse unos 3-4 cms y pocas veces eran mortales. Pero se quedaban clavadas en el cuerpo del guerrero. El guerrero, en el fragor de la batalla y la poca movilidad que le confería el portar la armadura y sus armas, no se las podía retirar. En la propia batalla, estas flechas o sus fragmentos se podían introducir más, por los golpes, provocando lesiones mayores e, incluso, la muerte.

 

Punta amplia.
Tienen un perfil amplio y plano con unas superficies idóneas para el corte.
Se usaron tanto para la caza mayor y en la guerra. Su objetivo era rebanar y cortar tejidos y músculos. Si tenían una gran masa, ganaban en poder de penetración pudiendo atravesar cotas de malla y armaduras.
Evolucionaron a poseer o púas o alas, lo que facilitaba la penetración de la flecha con el movimiento y dificultaba su extracción (dañando más los tejidos al intentar su extracción).

 

Punta o cabeza con púas.
Las alas de las flechas de punta amplia se fueron curvando y haciendo más largas y curvadas, aumentándose así la superficie de corte. Dentro de este grupo, situamos las puntas de cola de golondrina.
Su objetivo era el corte de tejidos.
Se usaron, sobre todo, contra la caballería. Su alcance era de unos 180 mts. Se empleaban mediante el tiro horizontal paralelo al suelo. Así, frente a una carga de caballería, se disparaba una andanada de estas flechas al bosque de patas de los caballos. Por su forma, estas flechas planeaban muy bien y rozaban o incluso cortaban los músculos y tendones de las patas. Estas lesiones (las rozaduras y, sobre todo, los cortes) podían enloquecer a los caballos que rompían la formación o dejarlos cojos. Esto recreaba confusión en las líneas de carga y que los animales enloquecidos y lesionados arrollaran a otras monturas y jinetes o fueran arrollados por las siguientes líneas de carga.

 

Punta o cabeza bifurcada.
Estas puntas tenían una cabeza bifurcada cuyo interior era una superficie afilada y de corte. Algunos modelos ampliaron esta superficie de corte formando una media luna.
Su objetivo era el corte de cabos, maromas y aparejos de buques.
No se trata de corta la cuerda con un tiro certero (cosa que raramente sucedía) sino algo más simple. La flecha, al chocar contra una cuerda, gira tomando como eje de dicho giro esa misma cuerda. Como este borde interno está afilado, corta las capas superficiales de la cuerda. Si imaginamos una andanada de flechas haciendo lo mismo, se conseguiría desgastar (más que cortar) la cuerda. Si a esta cuerda debilitada le sumamos la fuerza del viento o el propio peso de los aparejos, se consigue que la cuerda se rompiese.
En las batallas terrestres, se pudieron usar de la misma forma que las puntas de flecha de cola de golondrina contra las patas de los caballos.

 

Punta o cabeza de cincel.
Se emplearon poco.
Su objetivo, posiblemente, fuera penetrar las armaduras de cuero.

 

Punta o cabeza incendiaria.
El uso de flechas incendiarias data de antiguo. Para ello, se podría usar cualquier tipo de flecha a la que se ataba un material inflamable. El problema era que la inercia del movimiento de la flecha podía provocar que dicho material se desplazará de la punta hacia atrás perdiendo así eficacia la flecha incendiaria.
Las puntas incendiarias medievales diseñadas para este fin al tener orificios en la punta. Así, el material inflamable se ataba a la punta y, al clavarse la flecha, el fuego quedaba en contacto con la superficie perforada, facilitando el prendimiento.
Existió una modificación de este tipo de punta de flecha que se asemejaba una jaula donde se depositaba el material inflamable. La ventaja de estas flechas era que, al ser finas, se podían calentar hasta estar candentes, con lo que la propia flecha era capaz de prender la madera seca.

 

ENGARCES DE LAS PUNTAS DE FLECHA:
Básicamente, hay tres tipos de engarces.

Engarce de cuchillo.
En este tipo de engarce, la punta de flecha termina en una superficie plan que se introduce en el astil (previamente cortado a través). La unión se reforzaba con hilo o cuerda.
Este tipo de engarce se usó poco en la Edad Media.

 

Engarce por aguijón o punzón.
La zona de anclaje de la punta de flecha termina en aguijón que se clavaba en el astil de la madera y se reforzaba con hilo o cuerda.
Este sistema fue muy empleado en los pueblos musulmanes y orientales.

 

Engarce de inserción del astil en la flecha.
En este engarce, es el astil el que se introduce en la punta de flecha, ya que la propia punta de flecha tiene un cono que envuelve la punta del astil. Se reforzaba con diversos materiales.

 

CONCLUSIONES
Al ver este listado de diferentes arcos y puntas de flecha, se entiende que el periodo de formación de un arquero medieval fuera de unos 8 años. Es cierto que muchos campesinos sabían utilizar el arco para la caza (siempre que su señor no les atrapase en sus cotos de caza), pero no era lo mismo cazar a un animal que actuar de forma conjunta en una formación bélica.
La dotación de un arquero inglés en flechas era de 24-36 flechas de diferentes modelos. Cuando se les gastaban, se les suministraban nuevas flechas en forma de docenas desde carros situados en la retaguardia. Los encargados de este suministro eran niños que las clavaban por docenas delante de cada arquero. Desgraciamente, esta labor hizo que muchos niños murieran en los conflictos bélicos.
La importancia de los arqueros se ha destacado en todas campañas militares y, así, se considera que la eficacia de los arqueros ingleses fue uno de los factores que contribuyeron a la victoria inglesa de Agincourt frente a las tropas francesas (que las doblaban en número).

V

(Quien sepa de arqueros sabrá el por qué…)

Autor: Cronista.

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Comentarios en "El Arco y las Flechas en la Edad Media"

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  1. Gisela octubre 6, 2013 a las 19:00

    Enhorabuena por su artículo.
    ¿Sería tan amable de indicarme la localización de la pintura rupestre que presenta?

    Gracias

  2. Julie CS octubre 12, 2014 a las 21:08

    Me ha ayudado mucho en mi trabajo de ciencias. ¡Gracias!

  3. Santos Eliecer Cubilla noviembre 10, 2014 a las 17:00

    Me gustaría saber todo acerca de las cuerdas utilizadas para los arcos en la antigüedad y la edad media.

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