Lawrence de Arabia.

5 noviembre 2011

Thomas Edward Lawrence nació en Gales en 1888. Hijo ilegítimo de un terrateniente anglo-irlandés y una empleada de hogar. Pasó su juventud en Oxford donde destacó por ser un alumno aplicado, llegándose a graduar a los 22 años en Arquelogía (1910), con Matrícula de Honor.

Trabajó durante 4 años para el Museo Británico en Siria, junto al río Eufrates; experiencia que le sería de utilidad más adelante.

Después de que estallara la 1ªGuerra Mundial, Lawrence pasó un breve período en la Sección Geográfica del Estado Mayor General en Londres. Después fue enviado a la Dirección de Inteligencia Militar de El Cairo junto a otro agente, Allenby, convirtiéndose en experto en movimientos nacionalistas árabes de Siria, Líbano, Palestina, Jordania, y la región de Hedjaz.

Cuando terminó la guerra de rebelión árabe en 1918, un periodista americano, Lowell Thomas, visitó Gran Bretaña y el Imperio británico mostrando con gran éxito las diapositivas que narraban la historia y logros de Lawrence. La romántica historia de las campañas de Lawrence de Arabia y de Allenby en Tierra Santa, llegó a un público británico que agradecía las imágenes ya que les hacían olvidar las noticias horribles de la guerra de trincheras en el frente occidental. De este principio surgió la leyenda de «Lawrence de Arabia».

Lawrence tenía muy poco deseo de ser recordado como un héroe de la guerra: apenas podía soportar la idea de su papel durante la guerra. Su ambición permanente era la de ser un escritor, un verdadero hombre de letras más que un hombre de acción.

Su reputación literaria se forma a partir de una escritura básicamente autobiográfica. Incluye al menos 6.000 cartas escritas, entre 1906 y 1935, y dos libros autobiográficos. El primero, «Los siete pilares de la sabiduría», es un relato de su servicio con la rebelión árabe. El segundo, «La Casa de Moneda», se centra en sus experiencias como un recluta anónimo en las filas de la RAF.

De escasa estatura y aspecto frágil, Lawrence escogió desde muy joven la disciplina y el sacrificio, la austeridad y la renuncia, el amor por el arte y el desprecio por los bienes materiales, cualidades que le ayudaron en su carrera de arqueólogo, militar y escritor. Tanto en sus libros como en sus cartas se puede apreciar que Lawrence era un agudo observador de las personas, lugares y eventos.

Al finalizar la guerra, ingleses y franceses se repartieron Oriente Medio en la Conferencia de Paz de París (1919), incumpliendo las promesas de reconocer la soberanía del pueblo árabe como nación independiente. El coronel Lawrence decepcionado e incapaz de adaptarse a la vida civil, cambió su nombre para alistarse en la RAF y, más tarde, en una unidad de carros blindados. En ese tiempo, no encontró otro aliciente que finalizar «Los siete pilares de la sabiduría» y un amor apasionado por las motos. Las motos le hicieron soñar que podía huir del mundo y escapar de sí mismo.

La postguerra le hundió en una profunda depresión que no remitió hasta su accidente mortal mientras circulaba en su moto Brough, en mayo de 1935. Convirtiéndose en ese instante en un mito. Como hiciera 20 años después James Dean conduciendo un Porsche.

<<Lo más notorio era su fuerza de voluntad. Esa voluntad obcecada y a veces rabiosa de tantos hombres de pequeña estatura.>> (André Malraux)

En un luto riguroso acompañaba a la comitiva de militares y dignatarios, Winston Churchill, que declaró posteriormente recordadndo a Lawrence: “Su poderoso ascendiente radicaba en su desdén por la mayor parte de los premios, placeres y halagos de la vida.”

Apasionado por la Arqueología, la aventura y la guerra, Lawrence siempre ocultó una parte de sí mismo y muchas veces deformó los hechos para fomentar la leyenda que le convirtió en un mito. No es necesario conocer la verdad del hombre, nos quedamos con su leyenda.

La leyenda y la vida de Lawrence, ha dado pie a realizar un gran largometraje: «Lawrence de Arabia» película británica del año 1962. Del director David Lean unos de los genios del cine que consigue con este film, a pesar de su duración (222 minutos), captar la épica y servírnosla caliente. Premiada, nada menos, que  con 7 Oscars. Aventura en estado puro. Hoy en día una película así sería inconcebible. Ahora nadie va a que le transmitan algo tan, digamos, impreciso. No quieren sensaciones, prefieren los pies siempre en la tierra, algo a lo que se le pueda hincar el diente sin recurrir a la emoción o a la reflexión.

Pero retrocedamos en el tiempo para descubrir las claves características de Lawrence como personaje: conocedor de la Arquelogía y el trato con nativos, hábil en la Guerra (Guerra colonial) y la Leyenda tras su muerte (1935). Todo ello ha sido fuente de inspiración para la industria Hollywoodense. Cintas de aventuras, pertenecientes a la llamada serie B americana de los años cincuenta: «El secreto de los Incas» y «El valle de los Reyes» ambas de (1954) reflejaban al primer arqueólogo legendario norteamericano. Todo ello alimentó al director George Lucas que guionizó en 1973 y dio vida posteriormente al famoso «Indiana Jones en busca del Arca perdida«(1981). Coinciden las 3 claves: conocedor de la Arquelogía y el trato con nativos, hábil en la Guerra (contra los nazis) y la Leyenda (en vida y merchandising); descubrimos entonces un personaje de ficción similar a nuestro amigo Lawrence pero con mucho más éxito en las grandes pantallas. No os pregunteis el por qué, ay amigos!,… ese es americano.

 

<<Hoy ante la historia, rindo homenaje a Lawrence; esta noche, después de tomarme un té, volveré a ver su película.>>

Deja un comentario

(Acepto las Normas de uso del Blog).

-->